viernes, 25 de julio de 2014

Agua para La Habana

Acueducto de Albear en la actualidad

El suministro de agua potable es vital para cualquier asentamiento poblacional, por ello no es raro que se dedique tiempo y recursos a construir acueductos para traer el preciado líquido desde las fuentes, a veces muy distantes de las viviendas y además traerlo limpio.

La Habana, como toda ciudad, requiere de acueductos eficientes, pero en sus inicios la incipiente villa solo podía contar con los aguadores que transportaban el líquido en barriles a bordo de carretas. Pero con el crecimiento de la población obligaba a buscar una solución para hacer llegar el agua en mayor cantidad y a menos costo.

El primer intento fue la Zanja Real que tomaba el líquido del río Almendares y lo transportaba, a cielo abierto, hasta lo que es hoy La Habana Vieja. Era un sistema imperfecto que no protegía en nada el agua de la contaminación y cuyo caudal resultó, con el tiempo, insuficiente para calmar la sed de una urbe que crecía y se ensanchaba día a día.

De este acueducto sólo queda el recuerdo, perpetuado en los nombres de dos arterias habaneras: la calle Zanja y el Callejón del Chorro.

Más tarde se instaló una planta de filtros ubicada en la intersección de la que es hoy la avenida de Salvador Allende (Carlos III) y la calle Zapata. El ingenio hidráulico tomaba las aguas de la Zanja Real en aquel sitio, lejano aún de la urbanización, y luego eran transportadas por tuberías hasta las inmediaciones de la ciudad.

Pero este sistema tampoco resolvió el problema pues el material filtrante se tupía con facilidad, por lo que tuvo que ser desechado, quedando solamente como elemento útil la tubería maestra que llegaba hasta el Campo de Marte, hoy Plaza de la Fraternidad.

Ingeniero Don Francisco de Albear y Lara

En 1850 se le encomendó la tarea de proyectar un acueducto que garantizara el abasto suficiente de agua pura, al Coronel de Ingenieros Don Francisco de Albear y Lara, que en aquel momento fungía como Presidente de la Junta de Obras Públicas de Cuba.

El proyecto consistía en acopiar las aguas de un gran número de manantiales que brotaban en las cercanías de un lugar conocido como Vento, sobre el río Almendares y a unos 16 kilómetros de la ciudad.

La empresa era extremadamente compleja ya que se trataba de cientos de manantiales esparcidos en una gran extensión de las márgenes del río, en sus mismas orillas y aún dentro de su cauce, todos diferentes en proyección, cantidad, elevación y dirección, uniéndose o separándose caprichosamente, según las variadas características del terreno, lleno de oquedades, agrietado y mezclado con arrastres de arcilla, arena y lodo.

El proyecto contaba con un estanque de captación de los manantiales, llamado taza, una represa, un canal de toma y derivación del agua, canal de conducción que incluía atravesar el río, el depósito de almacenamiento y la red de distribución.

Los trabajos del acueducto demoraron más de lo calculado a causa de la escasez de fondos y situación política del país, inmerso en la guerra de independencia.

El Ingeniero Albear falleció el 23 de octubre de 1887 sin ver concluida la obra más grande de su vida, que sólo 45 años después de iniciada pudo ponerse en funcionamiento.

El acueducto que hoy funciona todavía con eficiencia, trayendo el agua desde la taza de Vento hasta los depósitos de almacenamiento en la barriada de Palatino, en el municipio Cerro, y la red de distribución constituye sin dudas una de las maravillas de la ingeniería cubana. Lo más curioso es que el agua no necesita de bombas para ser impulsada por las tuberías, pues Albear se aprovechó de la fuerza de gravedad para ello.

Su diseñador contribuyó a la urbanización de La Habana con otros muchos proyectos entre los que se incluye el Malecón y su avenida. La haban rinde tributo a este hombre excepcional al perpetuarlo en mármol en el parque que lleva su nombre, ubicado en la intersección de la avenida de las Misiones y la calle Obispo, en La Habana Vieja.