viernes, 25 de julio de 2014

Árabes en La Habana

Arquitectura árabe en La Habana. Foto Cubadebate

La Habana ha sido destino de emigrantes de numerosas tierras; muchos españoles, los africanos traídos por la fuerza; los chinos, polacos, algunos rusos y… los árabes.
Los primeros árabes que arribaron a Cuba lo hicieron junto con Cristóbal Colón durante el mal llamado descubrimiento de América. Algunos historiadores coinciden en afirmar que su presencia a bordo de las carabelas garantizó en gran medida el éxito de la empresa, pues sus técnicas de navegación eran superiores a las de los ibéricos.
Pero, como sabemos, en esa fecha tan temprana no existía aún el menor vestigio de lo que es hoy nuestra bella capital. Entonces ¿Cuándo se establecieron los árabes en La Habana?
Pues, según el historiador Francisco Damián Morillas Valdés, algunos árabes arribaron a Cuba como esclavos ya desde el siglo XVIII. Como muchos dominaban la escritura y tenían conocimientos de medicina, fueron utilizados en labores menos rudas que las agrícolas.
Sin embargo, el establecimiento de una comunidad árabe en la capital cubana es mucho más reciente, afirma el historiador, pues comenzó en la segunda mitad del siglo XIX con una importante inmigración de libaneses, sirios, palestinos y en menor cuantía argelinos, yemenitas y egipcios.
Se calcula que entre 1860 y 1930 arribaron a la isla unas 33 mil personas de esas nacionalidades.
En La Habana se asentaron en diversos territorios, entre los que se cuentan los actuales municipios de La Habana Vieja, Centro Habana, Marianao y San Miguel del Padrón.
Una importante cifra sentaron plaza en el llamado Barrio Árabe de La Habana, que abarcó el área comprendida entre las calles de Monte, San Nicolás, Corrales, Antón Recio y Figuras, zona que inicialmente fue poblada por españoles, pero que a partir de 1870 comenzó a recibir discretas cifras de inmigrantes libaneses, sirios y palestinos.
Allí desarrollaron una significativa infraestructura social que incluyó la creación de sociedades benéficas y culturales, prensa periódica, comercios y una organizada actividad religiosa.
La presencia árabe, por la diversidad de lugares de origen, se distinguió por la pluralidad de cultos, entre los que destacan las prácticas maronitas, una corriente del cristianismo con subordinación al Papa, pero con rituales propios.
En La Habana, contaban con cuatro parroquias en las que se celebraban las liturgias en lengua árabe. Entre ellas se encuentra la de San Judas y San Nicolás, ubicada en la calle Tenerife esquina a Antón Recio, en el actual municipio Centro Habana.
La actividad económica de los inmigrantes árabes se basaba fundamentalmente en el comercio y en especial en la venta de géneros textiles. Primero como vendedores ambulantes que luego se fueron asentando y fundando pequeñas tiendas, aunque eran muy comunes también los sastres y costureras.
Entre estos últimos no debe dejar de mencionarse al sastre Said Selman, que en Cuba adoptó el nombre de Eugenio, y que está considerado como el mayor innovador de la Guayabera, de la que diseñó más de 14 modelos diferentes.
Sus descendientes, hombres y mujeres ilustres y honorables, residen aún en La Habana para beneplácito y orgullo de los capitalinos.