viernes, 17 de octubre de 2014

Biblioteca Nacional de Cuba, un tesoro de saber


Biblioteca Nacional José Martí. Foto: Sitio de la emisora COCO
No podía ser mejor escogido un nombre que el de José Martí para designar a una de las instituciones de mayor importancia cultural de la nación cubana: la Biblioteca Nacional. 

Es que Martí es todo un icono de la cultura, no solo de Cuba, sino de la América Latina y más allá. En sus escasos 42 años de vida, el Apóstol escribió tanto como para llenar 27 gruesos tomos y lo hizo de todos los temas disponibles en su época. Por ello puede decirse que la obra martiana es como una pequeña biblioteca.

Nace la biblioteca
La Biblioteca Nacional de Cuba se inauguró el 18 de octubre de 1901 en un pequeño local de 30 metros de largo por siete y medio de ancho en el Castillo de la Real Fuerza, con un limitado inventario de tres mil volúmenes donados por el periodista y literato DomingoFigarola Caneda, quien fue su director hasta 1920.
Al conocer la noticia otros importantes intelectuales criollos como Antonio Bachiller y Morales, Francisco Sellén y Manuel Pérez Beato donaron sus colecciones personales a la naciente institución.
Un año después de su fundación la biblioteca fue trasladada a los altos del edificio en que se alojara en tiempos coloniales la Maestranzade Artillería.
Otro importante paso de avance para la Biblioteca Nacional fue en 1909 cuando Pilar Arazosa de Muller donó una pequeña máquina impresora que permitió editar los primeros números de la Revista de la Biblioteca Nacional, publicación que se mantiene hoy bajo el título de Librínsula.
Una tragedia
Según reseña la enciclopedia colaborativa cubana en línea EcuRed, el segundo director de la Biblioteca Nacional fue Francisco de PaulaCoronado. Por su testimonio se conoce que en 1920 las estanterías fueron trasladadas al Capitolio Nacional, entonces en construcción, y los fondos bibliográficos se guardaron en cajas y se almacenaron en el antiguo presidio de La Habana, donde se produjo un incendio que destruyó valiosos documentos.
Otros ejemplares habían sido almacenados en simples pilas en los rincones del local, lo que motivó su deterioro.
Pero las cosas no pararon ahí, porque la desidia de los gobiernos de turno y su poco interés hacia la educación y la cultura hicieron que los documentos continuaran deteriorándose y perdiéndose.
Para evitar el desastre total, en 1936, el historiador de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring fundó la Sociedad Amigos de la Biblioteca Nacional. 
La presión ejercida por la intelectualidad progresista logró que en 1938 el jefe de la Policía Nacional, José Eleuterio Pedraza, trasladara otra vez la Biblioteca Nacional hacia el Castillo de la Fuerza. Pero la premura y poco cuidado con que se realizó la mudanza solo consiguieron provocar más daños. 
La biblioteca se recupera
Con el propósito de reorganizar la biblioteca, se nombró asesor técnico a José Antonio Ramos, figura descollante entre la intelectualidad cubana de la época. Ramos se dio a la tarea de clasificar y ordenar los fondos bibliográficos, utilizando un novedoso sistema al que agregó mejoras.
También influyó en que se fundara la Junta de Patronos de la institución, encargada de promover su desarrollo, tanto en la adquisición de nuevos títulos como en la mejora de las instalaciones.
En 1941 el gobierno promulgó una ley para la distribución de las ganancias de la zafra azucarera de ese año que incluía a la Biblioteca Nacional como destinataria de medio centavo por cada saco de azúcar que se vendiera.
Ese dinero debía dedicarse a comprar un terreno donde erigir un edificio con las condiciones necesarias y dotarlo del mobiliario y otros elementos adecuados al trabajo de la entidad.
La biblioteca adquiere su nombre
Hasta 1949 la biblioteca no había contado con un nombre propio. Fue en ese año que el sabio cubano Don Fernando Ortiz propuso a la Junta de Patronos el nombre de José Martí para el nuevo edificio que alojaría el importante centro cultural.
El 28 de enero de 1952, coincidiendo con el aniversario 99 del nacimiento del Apóstol, se colocó la primera piedra del inmueble que sería inaugurado el 12 de junio de 1957 en uno de los laterales de la entonces Plaza Cívica (hoy Plaza de la Revolución José Martí).
El nuevo edificio, de 15 plantas, cuenta con las condiciones necesarias para una institución de la envergadura de esta y la capacidad suficiente para acoger a los documentos existentes en ese entonces y los que se adquirieran después.
También cuenta con la iluminación y comodidades apropiadas para los usuarios de sus salas y el equipamiento técnico y otros recursos imprescindibles para el mantenimiento y conservación de los materiales que allí se atesoran.
La biblioteca de hoy
El triunfo de la Revolución Cubana, el primero de enero de 1959, abrió nuevos horizontes a la biblioteca. Por primera vez un gobierno de la isla se empeñaba a fondo con la educación y la cultura del pueblo.
El desarrollo de la ciencia y la técnica contribuyen también a que los servicios que allí se brindan sean cada día mejores.
Hoy, entre sus salas, la Biblioteca Nacional de Cuba, José Martí, cuenta con una sala especializada para ciegos y débiles visuales con magnificadores de textos y sofisticados equipos que reproducen en voz los textos. Además incrementa día a día los fondos impresos en sistema Braille.
También cuenta con una sala de navegación en Internet y otra de referencias, donde se puede obtener información remota por teléfono o correo electrónico. La biblioteca tiene también su sitio en la red de redes.
Hoy se trabaja también en la digitalización de los documentos que obran en poder de la biblioteca con el fin de que mayor cantidad de personas puedan acceder a ellos y poner a su disposición ejemplares que por su antigüedad o rareza no deben ser manipulados por los usuarios.
Biblioteca y comunidad
La biblioteca no se queda quieta entre sus muros, ni se limita a almacenar libros. Numerosas son las actividades que brinda a la comunidad, tanto dentro como fuera de sus predios.
La galería de arte El reino de este mundo mantiene abiertas al público exposiciones de artes plásticas de creadores cubanos y en la galería central del edificio se organizan muestras bibliográficas y filatélicas.
La sala teatro brinda conciertos todos los fines de semana y en otras salas se realizan tertulias literarias, se imparten conferencias y se proyectan películas.
Biblioteca parque es una peña musical que se realiza periódicamente en los jardines de la entidad.
También se sacan frecuentemente los libros y se los lleva a diferentes lugares donde la población puede disfrutar con su lectura.