viernes, 17 de octubre de 2014

Un lugar de La Habana que cambió su nombre por otro totalmente opuesto

La Plaza Vieja, hoy consevada por la Oficina del Historiados de la ciudad de La Habana


¿Conoce usted algún lugar de La Habana cuyo nombre actual tenga un significado completamente opuesto a su denominación original? ¿No? Pues, precisamente de eso trata este trabajo.


Una de las cinco principales plazas de La Habana colonial fue inaugurada con un nombre que, con el tiempo, cambió por otro que significa todo lo contrario del primero.

La Villa de San Cristóbal de La Habana creció y tomó forma alrededor de cinco grandes plazas, distribuidas en diferentes puntos del área. Éstas son la Plaza de Armas o Plaza Mayor, la Plaza de San Francisco, la de la Ciénaga (hoy Plaza de la Catedral) , la del Santo Cristo y la Plaza Nueva.

La construcción de esta última se consumó a mediados del siglo XVII, aunque la orden de cimentarla estaba dada desde finales del XVI.

Pronto la nueva plaza se convirtió en lugar de reunión preferido por los vecinos para comentar los últimos sucesos, comerciar, o simplemente tomar el fresco… y en sus alrededores creció un área residencial donde se asentó lo más rancio de la burguesía criolla hasta el siglo XVIII.

Su nombre se transformó en Plaza Vieja al construirse la Plaza del Santo Cristo, que por supuesto era más nueva que aquella.

En el año 1835 acogió al Mercado de la Reina Cristina, una de las primeras pescaderías recogidas en los documentos de esos tiempos, sustituida en 1908 por un parque de tipo republicano.

El abandono de los sucesivos gobiernos y el desarrollo tempestuoso de la ciudad, hicieron perder su aire colonial a la Plaza Vieja, hasta que la minuciosa labor de especialistas y restauradores, bajo la dirección de la Oficina del Historiador de la Ciudad, le devolvieron su pavimento adoquinado, y la dotaron con una fuente, réplica de la que antaño suministraba agua a los vecinos, ahora con un propósito puramente ornamental.

Escultura de Roberto Fabelo. Foto del autor. Plaza Vieja. La Habana. Cuba.
Escultura de Roberto Fabelo. Foto del autor

Natura, de Juan Quintanilla. Foto: Tribuna de La Habana
Escultura de Juan Quintanilla

En la actualidad también adornan el área una escultura en metal del reconocido artista Roberto Fabelo, la que representa una mujer armada con un descomunal tenedor, a horcajadas sobre un gallo monumental, y otra que representa una gran flor de cerca de 10 metros de altura, nombrada Natura y concebida por el también famoso Juan Quintanilla.

Rodeada por las calles Muralla, Cuba, San Ignacio y Teniente Rey (Brasil), en el entorno de la Plaza Vieja resalta la riqueza constructiva de La Habana, mezcla de los más diversos estilos arquitectónicos.

Numerosas edificaciones complementan el atractivo del sitio. El antiguo palacio de los Condes de Jaruco, erigido en la primera mitad del siglo XVII, lugar que luego albergó al Fondo de Bienes Culturales.

La vivienda más antigua del lugar, ya restaurada, corresponde a la antigua residencia de Don José Martín Felix de Arrate, considerado el pionero de los historiadores habaneros.

Además rodean la plaza museos, hostales y centros culturales, entre los que se cuentan el Museo del Naipe, la Cámara Oscura y el moderno Planetario.

Hoy no es raro, al pasar por la Plaza Vieja en horas de la mañana, ver a los abuelos haciendo allí sus ejercicios, o a los niños de la cercana escuela con su profesor de educación física. También son asiduos los turistas, cámara en ristre, para obtener imágenes de los vetustos edificios o la hermosa fuente.

Entonces, podría decirse que la Plaza Vieja, vuelve a verse como nueva, gracias a la pasión de nuestro historiador, el Doctor Eusebio Leal y al minucioso empeño de los restauradores, unidos bajo la premisa de rescatar y conservar nuestro patrimonio arquitectónico.

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