lunes, 15 de febrero de 2016

El bautizo


Foto: Gilberto González García
Este viernes tuve la ocasión de asistir a un bautizo. Fue la primera vez que presencio una liturgia de ese tipo, lo que me llevó a una serie de reflexiones, acerca de cómo cambian las cosas con el paso del tiempo.

El bautismo es un acto de profundo sentido religioso y solemnidad. De hecho es el primer sacramento que recibe una persona cuando entra en contacto con el cristianismo, o bien, como dijo el párroco en esta ocasión: “cuando los niños dejan de ser criaturas de Dios para convertirse en hijos de Dios”.
Sin embargo no todas las personas son bautizadas en su más tierna infancia y el origen del rito, según las sagradas escrituras, lo protagonizaron en primera instancia los seguidores de Cristo que eran ya adultos.
Otras personas, por diversas razones no se bautizan cuando niños y luego deciden recibir ese sacramento.
Con el paso de los siglos ese acto de devoción, durante el cual el iniciado recibe a Dios, ha ido derivando hacia una celebración social, una verdadera fiesta y en algunos casos hasta en una ocasión para hacer alarde de buena posición social.
En Cuba, la religiosidad, que durante años estuvo en decadencia debido a las corrientes ideológicas que acompañaron a un sistema social más radical, ha ido tomando nuevo auge a medida que ese radicalismo se ha suavizado y las personas se han sentido más libres de mostrar abiertamente creencias de existencia muy lógica en un pueblo que conformó su nacionalidad a partir costumbres traídas por otros pueblos de un profundo arraigo religioso como los españoles y africanos.
En ese crisol de tradiciones que es la cubanía encontraron cabida y posibilidades de fusión religiones tan diferentes como la cristiana, monoteísta, y las africanas en las que diversos dioses coexisten.
Pero algunos ritos y conceptos no sufrieron transculturación, y entre ellos está sin dudas el bautizo, como el que pude presenciar este viernes en el santuario de Santa Bárbara, de la barriada de Párraga, un templo que me impresionó por su sencillez, austeridad y a la vez por su luminosidad y la belleza de las imágenes que guarda en su interior.
Lástima que algunas personas utilicen la religión solamente para ostentar su abundancia de dinero y que para otras sea un pingüe negocio.